Juan Soto Ivars y su round 2

Entre extrañado y ojiplático leo las líneas del artículo de Juan Soto Ivars “Defendiendo a la profesora de Fuerteventura: round 2” y a cada palabra que avanzo, más descorazonado me encuentro. Porque hay cosas para las que no encuentro defensa. Se ponga usted como se ponga.

He de decir, que el artículo no es una defensa personal hacia la profesora en cuestión. Más bien una crítica social, sobre el uso legítimo o no, de medios reprobables (grabaciones) para alcanzar un “fin justo”, (denunciar adoctrinamiento).

Escuché una vez, durante un curso de literatura y edición de textos, la importancia de un buen titular. Algo que atrape y atraiga a esos lectores que pasaban por ahí, aburridos de sí mismos, con un pulgar en el mando a distancia y el otro en la pantalla táctil de su móvil, y encuentran tu artículo navegando buscando nada, como barcos a la deriva. Y si importante era el titular, todavía lo era más el primer párrafo. Ese es el que marcaría la diferencia entre la lectura integral de tu artículo o que lo abandonasen a la tercera línea. Tus lectores ya te leen, ya te conocen, ya te quieren. Dale algo de interés a quien aún no te ha descubierto.

Es difícil que no se me agarre al pecho cual sanguijuela, una sensación de rabia e impotencia cuando leo entre sus primeras líneas:

“por qué considero que el nombre de la profesora de Fuerteventura que supuestamente animaba a “castrar” a los hombres no debió trascender jamás”

Ese “supuestamente” me reconcome y me rebota en cada pared del cerebro como un salvapantallas antiguo. Ese “supuestamente” me irrita y estomaga como un atracón de tabasco caducado. “Supuestamente mis cojones”, pienso. Supuestamente lo dice, supuestamente está grabado y supuestamente todos lo hemos oído.

Pero bueno, dejemos la semántica y vayamos al meollo de la cuestión, que me lío.

Ivars nos invita, durante todo el artículo, con la facilidad de palabra y lucidez a la que nos tiene acostumbrados a reflexionar sobre la legitimidad y uso de ciertos medios para alcanzar el fin que en este caso nos ocupa. La desacreditación de la castraniños.

Pues mire, señor Ivars. Sí, son legítimos y en determinados oficios y situaciones, muy necesarios. Porque hay que vigilar a quien nos vigila, hay que vigilar a quien nos educa, a quien nos protege y a quien nos cura.

“Confía, pero comprueba”

No es el primer régimen que cae por las escuchas, ni el primer político que debe dar explicaciones por las escuchas, ni el primer policía corrupto al que se le aparta del cuerpo por las escuchas… Y así un largo etcétera.

El colegio, el instituto o la universidad no son, o no deberían ser meros trámites para aprender los afluentes del Ebro, colocar Canadá en el mapa o despejar logaritmos neperianos. Son o deberían ser además, un espacio donde aprender a debatir, contra argumentar y defender ideales.

Y factor clave me parece en este entorno, la figura del profesor como mediador y conductor de debates ideológicos. Dejando que las nuevas generaciones interaccionen entre sí, se pongan en aprietos y se sientan contra las cuerdas.

Soy muy consciente de que somos humanos, nos equivocamos y tropezamos. El más hábil lo hace. Recuerdo una profesora decirme hace ya muchos años “¡Tú eres tonto!” y hoy, con la perspectiva que me da el tiempo y recordando aquel momento, yo sería lo mas suave que me habría dicho de estar en su posición. Tonto era lo menos que me merecía.

Una profesora no debería caer en la bajeza de dejarse llevar por las emociones, pero somos humanos. Caemos, no pasa nada, nos levantamos y seguimos caminando. Nada que reprochar.

Un audio de casi cuarenta minutos donde la profesora no deja hablar, ridiculiza a sus alumnos e incluso insiste en hacerles sentir culpables por delitos que no cometieron, no me parece un tropiezo. Es algo indigno de una maestra. Igual que un policía golpear sin previa provocación, un cirujano consumir varias cervezas antes de una operación o un conductor de autobús ponerse al volante sin dormir la noche anterior.

Y que nadie se lleve las manos a la cabeza, sé que las repercusiones de los ejemplos que he puesto no son para nada comparables, pero me sirven para explicar la importancia de las tutelas. Tutelas que si no existen, habrá que inventarlas.

Ser buena persona o buena profesional no te exime del castigo por cometer una infracción o delito. Apruebo y aplaudo la inteligencia de Ivars para entrevistar al entorno de la castraniños. Pero la cagada es gorda y el adoctrinamiento, palpable.

Debe haber castigo. No estaría tranquilo bajo la tutela de un policía que agredió porque sí a un transeúnte, no me pondría en manos de un cirujano alcohólico ni escolarizaría a mi hijo en la clase de Aurelia Vera.

Y si falla la confianza en uno de los pilares maestros de nuestra sociedad, esto inexorablemente se desmorona.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s